jueves, 27 de octubre de 2011

Mensaje religioso del Libro de Josué

I.  Mirando al Pasado


I.1. Fidelidad de Dios  
Con Abraham comienza la historia de la presencia amistosa de Dios entre los hombres. Yahvé sella unas promesas por medio de una alianza con Abraham[1]. Él y sus descendientes fueron separados, protegidos y bendecidos por Dios. Esta Alianza de Dios con Abraham ha sido un pacto unilateral: solo ha habido compromiso por parte de Dios. Dios irrumpo en la vida de Abraham por pura gracia suya; lo llama, dirige dispone y encamina sus pasos, vigila con su protección su peregrinar ciego por tierras extrañas repitiendo machaconamente a lo largo de su vida y la de sus descendientes su promesa. Este es el primer paso histórico que conocemos en orden a la historia de la salvación. 
Siglos más tarde fue Moisés a quien se le manifestó el designio salvador de Yahvé, concluyendo una Alianza en el Sinaí[2]. Este pacto con Moisés y con el pueblo ya es bilateral, pues aunque la iniciativa parte siempre de Yahvé, Él ha querido que hubiese siempre compromiso por parte del pueblo. Yahvé se compromete a llevar al pueblo a la Tierra Prometida y éste se compromete a cumplir  el código de la Alianza que exige no tener más Dios que a Yahvé y hacer siempre su voluntad.  
Esta Alianza de Yahvé  en el Sinaí significa un privilegio en favor de  Israel, que asegura una protección particular por parte de Dios, es garantía para el bienestar del pueblo escogido y amado por Él. Es título de gloria que lo coloca en un plano aparte[3], el primero entre todos los pueblos[4]. 
Con Moisés la presencia divina de un Dios vivo, activo, hablante y amoroso se manifiesta ya más intensamente. Moisés se siente  invadido por Dios que le habla cara a cara, como un hombre a su amigo[5]. Le revela su nombre: Yahvé, “el que es”, el que tiene “ser”: el que está presente, el que es fiel, fuerte y bueno, está siempre en medio de su pueblo, aunque éste no sepa verlo y exija siempre otros dioses[6]. Con Moisés la presencia divina también se manifiesta con portentosas actuaciones salvíficas: paso del mar Rojo, el maná, la roca trocada en fuente etc.[7] La fidelidad de pueblo o la ruptura, trae consigo gozar o no de la bienaventurada presencia de Dios[8], pero aun cuando Israel quebranta la Alianza de Yahvé, El contendrá su fidelidad solo con que el pueblo se convierta a Él de nuevo.  
La promesa hecha por Dios en el Sinaí de introducir al “pueblo” en la Tierra Prometida, no fue Moisés quien la llevo a su termino sino que fue Josué el instrumento del que Dios se sirvió para conquistar el país de Canaán para los israelitas. A Josué sucesor de Moisés como jefe del pueblo, Yahvé le asegura su protección: “yo estaré contigo como lo estuve con Moisés, no te dejare ni te abandonare”[9], pero también le exige un ánimo valiente para llevar a cabo la empresa y el cumplimiento fiel de todo lo dado a Moisés[10].
Los cinco primeros capítulos del libro de Josué, la fidelidad de Dios con Israel, su presencia protectora, como también la conciencia del pueblo de que se encuentran ante una empresa santa. La ocupación de la Tierra prometida es un don que tienen que conquistar, utilizando también medios y estratagemas humanos puestos a su alcance[11], pero que reflejan la decisión de Yahvé de dar a su pueblo el país habitado por los cananeos[12]. 
El paso del Jordán[13], fue una travesía difícil y arriesgada, pero allí estaba yahve dispuesto a agrandar a Josué ante los ojos de los hijos de Israel, Aun de que vean que El esta con Josué como lo estuvo con Moisés[14], en semejante situación[15]. El paso del río Jordán por el pueblo  de Israel, más que una expedición militar, refleja una procesión litúrgica.  
El arca de la alianza que va al frente[16], símbolo de la presencia de Dios, es llevado por los sacerdotes, cuando estos ponen los pies en el río, las aguas lo dejaran libre de modo que los israelitas pudieran pasar sin dificultad[17].  
Aquí la protección de Yahvé se ha hecho patente, el arca de la Alianza será el dueño de toda la tierra. Ya al otro lado del Jordán levantan un momento conmemorativo que será la señal[18] de la protección de Yahvé en el paso del rió y una enseñanza para las futuras generaciones de israelitas y de otros pueblos, con relación al poder de Yahvé que les induzco a un santo temor del Dios de Israel.
Otras de las señales de la Alianza entre Yahvé y su pueblo es la circuncisión que había sido impuesta por Dios a Abraham y su descendencia[19]. En el desierto los israelitas habían olvidado su practica y ahora antes de entrar en la Tierra santa veían que circuncidándose es señal de su pertenencia al pueblo de las promesas y con el fin de celebrar la “pascua” –conmemoración del acontecimiento salvífico por el que Yahvé saco a los israelitas de Egipto- pues era una de las condiciones que se les exigían para poder celebrarla[20]. Cuando habían terminado de celebrar todos los ritos, el jefe de los ejércitos de Yahvé, se les aparece en el lugar santo de Silgar, para renovar la seguridades dadas por Yahvé de protección en la obra de la conquista que van ha comenzar y que es obra de Dios. 
 I.2. En la conquista del país. 
            Las guerras para la conquista de la Tierra Prometida, se entienden como “guerras de Yahvé” porque El marcha al frente del ejercito. Dios esta en medio del pueblo cuando este en lucha. Así se explico la forma milagrosa de la ciudad de Jericó[21]. El desastre sufrido en el primer intento de la conquista de Hai por uno de sus miembros[22] y como en el segundo intento castigando al culpable Yahvé se vuelve propicio. Con su pueblo Yahvé confirma su presencia protectora[23].  
El relato de la batalla de Galaan proclama por sí misma la ayuda de Dios[24]. Se realiza y manifiesta mediante elementos naturales que Yahvé utiliza para sembrar el pánico en los ejércitos enemigos, primero ante la acción rápida de Josué que los puso a fuga, luego con la tempestad que hizo caer sobre ellos cuando los enemigos intentaban ponerse a salvo[25]. “ Yahvé combatía por Israel”[26] y hacia oportunas las violentas tormentas, como la llegada de improviso de los israelitas al lugar donde estaban acampados junto a las aguas del Meran los reyes coaligados, de los ejércitos enemigos que, poseían innumerables carros y caballos, además de la tropa numerosa como las arenas de la playa[27] “Yahvé los entregó en sus manos”[28] los israelitas luchaban frente a unos pueblos que poseían una cultura y técnica  bélica muy superior a la suya y es por eso que se podía ver más claramente que la victoria era un don de Dios  que combatía a su lado . Parece como que Dios ya quiso adoctorar desde el principio la táctica que afirmaría siglos mas tarde San Pablo escribiendo a los corintios “No hay entre vosotros muchos  sabios según la carne, ni muchos poderosos y nobles. Antes bien Dios eligió la nada del mundo para confundir a los fuertes, y lo plebeyo, el desecho del mundo, lo que no cuenta para confundir a lo que cuenta y que nadie pueda gloriarse ante Dios”[29].  
I.3 Reparto de los territorios 
Yahvé que había conquistado la tierra prometida, tiene derecho a ordenar a Josué su reparto entre las tribus, según su voluntad. Los israelitas tienen conciencia de ello y ven su actuación a través de las suertes; por eso no hay discusiones y se acepta sin más el resultado de las mismas[30]. 
Se  premia la fidelidad de caleb frente a la actitud cobarde de otros exploradores, dándole hebram como Moisés le había prometido[31]. También a Josué le dieron una heredad en medio de ellos: la ciudad de Taumenad-Sara “por mandato de Yahvé” y la montaña de Efraín que el pidió[32] .La distribución por suertes se hizo en Silo “en presencia de Yahvé” entrada del Tabernáculo de la reunión[33].  

I.4 Ciudades –refugio y  ciudades levíticas 

También Yahvé quien ordena el establecimiento de estas ciudades- refugio[34] y las ciudades levíticas[35]. Las primeras eran una especie de sacramento: significaban a su manera la” Alianza santa de Dios y su pueblo.” Ellas recuerdan que las relaciones de los hombres entre ellos tienen una dimensión superior, teológica: de sus actos ellos responden ante Dios mismo; pero el hambre con frecuencia es empujado y dominado por la pasión y Yahvé no podía permitir que  esta prevaleciese sobre la justicia por eso en las ciudades –refugio un homicida involuntario quedaba a salvo, al amparo de los ancianos de la ciudad, del vengador de sangre. La legislación contenida en Num 5,29 prohíbe profanar la tierra derramando sangre inocente, porque Yahvé habita en medio de ella, entre los hijos de Israel[36]. Esta “geografía” tiene un sentido religioso y moral: el israelita debe tener  conciencia personal y colectiva de la necesidad de prudencia en sus juicios, del orden moral y de concordia fraterna.  Dios esta presente en la tierra de Israel y todo eso hay que impedirlo, en la fe y en la atención a “El” presente que exige del israelita un comportamiento digno de santidad y de justicia de Dios.  
Las ciudades levíticas significan aun mas que las ciudades refugio: “la presencia de Dios en medio del pueblo”. Las funciones sacerdotales, ejercidas por los descendientes de Levi[37] con el tiempo formaron verdaderas ciudades levíticas, en ellas Vivian los sacerdotes en cuyos santuarios ejercían el culto. 
Los relatos bíblicos presentan una concepción de los levíticos sublime y admirable. Josué repite que en la tribu de Levi no recibió la heredad en el reparto de la tierra, porque su heredad es Yahvé mismo, Dios de Israel[38], así las ciudades levíticas están diseminadas por todo el territorio de Israel, la presencia de los levitas sobre todos los puntos de Palestina, se puede considerar como una forma de sacralización de esa Tierra elegida; san como una continua actualización sacramental de la presencia divina misma; un juramento de vida religiosa y una perpesctiva de mejor realización de la Alianza. La conclusión del reparto es que Yahvé dio a Israel toda la tierra que había jurado darles[39] y no fallo ni una de las palabras que Yahvé había dicho a la casa de Israel[40]. La  conquista había sido un don de Dios que había otorgado a Israel un cumplimiento de las promesas que había hecho a los patriarcas[41]
Yahvé ha dado a los israelitas la paz, el descanso, librándolos alrededor de todos sus enemigos[42]. Ha combatido con ellos venciendo a todos[43], les da una tierra que no han cultivado, unas ciudades que no han edificado, en las que habitan… los israelitas[44]. La única razón de ser de la presencia protectora y la fidelidad consciente de Yahvé con el pueblo, es el amor que tiene a Israel. 
I.5  Infidelidad de Israel 
En el Sinaí Yahvé y los israelitas establecieron una alianza por la que Yahvé se comprometió a llevar a Israel al país de Canaan y el pueblo eligió  no tener otro Dios mas que a Yahvé y de cumplir su ley[45]. Moisés había ordenado que una vez cruzado el Jordán y entrado en la Tierra prometida, renovaran la Alianza[46] y así se cumplió. La ceremonia se cumplió en, Siquen. A pesar de algunas infidelidades que empezaron ya al día siguiente de su consagración en el Sinai como pueblo de Dios[47], a Israel no le fue tan difícil conservar la religión yavista, pura mientras no tuvo contacto habitual con otros pueblos paganos. Pero una vez instalado en Canaan tendría que  conservarla en medio de los cananeos, los cuales junto con una cultura superior a la suya, tenían sus dioses muy cercanos a la tierra que cultivaban y su culto era más halagador y atractivo para la naturaleza del hombre. El contacto y la coexistencia  con las cananeos era inevitable, así lo exigían las circunstancias en las que vivían: pero era un gran peligro y una tentación continua para Israel en la que el caería también casi continuamente a lo largo de su historia. 
Las relaciones entre hebreos y cananeos  ha veces  eran tirantes, pero otras fueron amistosas y de mutuas inteligencias que con frecuencia terminaban en matrimonios entre hebreos y cananeos esta era una de las seducciones mas insidiosas de Canaan que los autores sagrados insisten en recriminar. Los cananeos eran politeístas como los pueblos del Medio Oriente y su religión estaba fundamentalmente penetrada por una idea: “naturaleza fecunda” en que cada día nacen y mueren los seres. Su culto a los dioses de la fertilidad pondría a estos favorables y harían fertilizar sus cosechas. Para los israelitas Yahvé era el dios del desierto y al ponerse en contacto con los cananeos que adoraban a Baal como dios de la fertilidad de los campos cayeron en la tentación de darle también ellos culto, quizás con el fin de obtener la fecundidad de sus tierras. En estos cultos se practicaban toda clase de obscenidades sensuales, sacrificios y victimas humanas etc. De los que posiblemente participarían los israelitas.  
De hecho hubo al menos un rey en Juda- el impío Acar- que llego ha hacer pasar por el fuego a su hijo[48]. Esto estaba prohibido a los hijos de Israel y a los extranjeros que vivían con ellos, bajo pena de muerte[49].  
Israel fue casi conscientemente infiel a la Alianza; no supo superar los peligros y cometió el gran pecado de abandonar a Yahvé e irse con otros dioses de los pueblos paganos. Como consecuencia cayo en toda serie de pecados que lleva consigo la idolatría. Solo conservo el “yavismo puro” una minoría selecta del pueblo, por la que salio a salvo a través de los siglos pero mas de una vez Israel estuvo a punto de comprometer su destino religioso; la acción enérgica de los profetas, auténticos hombres de Dios y celosos de la causa religiosa de su pueblo lograran se conservase esa pureza de la fe israelita aunque solo fuese por medio de una “elite” espiritual  del pueblo- Esa “ elite” será el “ resto” que por los siglos confirmara la misión confiada al “ pueblo escogido por Dios ” .

                                    II Mirando al presente
 II. 1. Situación político-religiosa en los días  del redactor del libro  de Josué  
La última redacción del libro de Josué parece que tuvo lugar poco antes del hundimiento del reino de Juda en el año 587 o poco después cuando el pueblo se esforzaba por continuar su destino que ya comprendía mejor que era fundamentalmente religioso.
Iniciada la conquista con Josué se continúo durante el periodo de los jueces en el que las tribus fueron extendiendo y consolidando sus dominios individualmente conforme al reparto entre las tribus. Los ataques de los pueblos vecinos eran frecuentes y se vieron en la necesidad de formar una unidad política con una autoridad al frente de ella; esta unidad la consigue David y la rompió definitivamente su nieto Roboan. Israel queda dividido en dos reinos: el reino del Norte y el reino del Sur. El año 721 tiene lugar la conquista de Samaria capital del reino del Norte, por parte de los asirios que se los llevan deportados a su país. “Los hijos de Israel habían pecado contra Yahvé su Dios” Jeroboan su primer rey comenzó los pecados y no se apartaran de ellos hasta que Yahvé los arrojo lejos[50].  
El reino de Juda también era infiel; se sucedían los gobernantes perversos de fe y costumbres, solo en el año 721 Exequias procuro reparar los extravíos de su padre Ajar pero por algunos desaciertos en su gobierno provoco la invasión de Secoqueril  que asedio Jerusalén y aunque no la conquisto se llevo un copioso botín. Jonias que reino en el año 640- contemporáneo del profeta Jeremías en los últimos años de su reinado- fue la última esperanza de Israel. Hizo una reforma religiosa, destruye todos los lugares de idolatría y cumplió con todo la ley de Moisés[51]. En lo político, su reinado también proporciono años felices, pero fueron los últimos. A Josias le sucedió Joachar solo unos meses porque fue depuesto por Nechao y nombro a Joakin, hombre impío, soberbio, despótico, inhumano; deshizo gran parte de la reforma religiosa echa por Josias y cargo al pueblo de tributos pero al tercer año de su reinado, Nabucodonosor, invade Palestina y conquista Jerusalén llevándose cautivo a Joakin , además de siete mil guerreros, mil artifias y dos mil magnates- entre los deportados iba Ezequiel profeta- Nabucodonosor nombra rey a Sedecias, hombre bueno que seguía los consejos del profeta Jeremías, pero de inteligencia mediocre y de espíritu débil que se dejaba influenciar mas por aquel que gritaba mas fuerte.  
El ambiente religioso durante los reinados que siguieron al de Josias había alcanzado extremos intolerables[52]: idolatrías toda clase de pecados contra el prójimo: injusticias, adulterios, calumnias, rapiñas, etc. El pecado se había arraigado tanto en Juda que la esperanza de que puedan cambiar se hace imposible[53]. Todos pecan y el castigo se hacia inevitable. Sedecias cedió y se unió a los estados palestianenses para luchar contra Nabucodonosor, pero este pone sitio a Jerusalén y a pesar de la resistencia heroica de sus habitantes  que confiaban en que los egipcios los salvarían- esperanza que no compartían Jeremías- a finales de junio del 587 logran penetrar en la ciudad y acabaron con el ultimo rey de la dinastía de David. El destierro a Babilonia del pueblo corono la serie de desdichas en el orden humano; la ciudad (fue quemada ardiendo también el templo y el palacio real, las murallas fueron destruidas, Jerusalén ya solo era “ruinas”). Esta es la situación político-religiosa que el último redactor del libro de Josué tendría ante si. 
II.2. Mensaje de esperanza 
El echo de que el autor del libro de Josué, después de la experiencia que tienen de la infidelidad de su pueblo y de las consecuencias que este vive a causa de ello, insista tanto en la protección de Yahvé haciendo que sea El el autor de la conquista del país y que esta conquista progresiva sea un don para el pueblo ¿ No esta hablando con esto de la esperanza que aun tenían sus contemporáneos de que Yahvé ahora también esta dispuesto a protegerlos para que permanezca en la Tierra prometida y continué su misión en ella? La insistencia del autor en recordar la adhesión a Yahvé y el cumplimiento de sus mandatos es otro dato palpable. Esta insistencia no tendría razón de ser si Dios hubiese decidido abandonar a Israel y prescindiré de lo establecido en la Alianza; mas bien deja entre ver con claridad que Yahvé quiere que el pueblo se arrepienta sinceramente se sus idolatrías y se decida a un fiel cumplimiento de la ley, con el cual El continuara protegiéndole y asegurándole una feliz permanecía o vuelta a la tierra prometida: La continua presentación de los enemigos de Israel muy superiores a ellos, sin que los israelitas sientan pánico ante ellos, además de que siempre salen vencedores porque Yahvé lucha en su favor, es como una forma de infundir animo a los habitantes del diminuto territorio de Juda, que se sintieron incapaces, inseguros frente a los grandes imperios orientales. El redactor del libro de Josué conocía una historia de siglos, llena de amor y perdón de Yahvé con Israel; el perdón de Yahvé repetido, el amor manifestado a veces con ternura paterna[54]. Estas actitudes de Yahvé en tiempos pasados infunden ahora una esperanza de que también perdonara una vez mas a su pueblo y no se desentenderá de el sino que continuara por su medio los planes salvificos. 
 II.3. Condición indispensable: Fidelidad de Israel a Yahvé 
           El libro de Josué contiene un mensaje de esperanza y alivio, en una de las situaciones mas criticas por las que paso Israel. Pero este mensaje de esperanza va vinculado como condición indispensable, a la fidelidad a la Alianza, fidelidad que ahora suponía una conversión. Así el libro de Josué es como un llamamiento a la conversión.  
         La fidelidad que ha de manifestar Israel es el amor adhesión a Yahvé con toda su alma, expresado en el cumplimiento de la ley. El amor de Dios a Israel es la ultima razón de su elección[55]. A ese amor Israel también tendrá que responder con un amor integral que exprese su vinculación y agradecimiento a Yahvé. Así lo expresan algunos pasajes del libro de Josué: 22,5;25,14 etc. La naturaleza y profundidad de ese amor lo declara la conocida forma del Deuteronomio 6,5” Amaras a Yahvé con todo el corazón, con toda el alma, con todo tu poder: Esa es la intensidad que el redactor del libro de Josué quería inculcar en los Israelitas de su tiempo. Intensidad que lleva consigo el servir a Dios en un fiel cumplimiento de la ley. 

III Mirando al futuro
 III.1. Josué, tipo de Cristo; Canaan tipo del reino mesiánico 
“Josué” fue el hombre suscitado por Dios para introducir al pueblo escogido, liberado de la esclavitud egipcia, en el país de Canaan bajo la protección de Dios. “Jesucristo”, llegada la plenitud de los tiempos, vino al mundo a liberarnos de nuestros pecados e introducirnos en el mundo de los cielos. La liberación material de Josué lo hace figura de Cristo que nos libero espiritualmente y la Tierra prometida es un anuncio del reino mesiánico. En el libro de Josué nos encontramos con una promesa y una exigencia: Llave concederá a su pueblo escogido el “reposo y el pueblo heredara la tierra[56] .Estas expresiones que aparecen a lo largo de la Biblia, designan el término al que se dirigen los planes de Dios. Jesucristo emplearía una de ellas, la segunda Bienaventuranza: Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra”[57].
Bajo esa expresión indica el reino de los cielos en su doble fase, terrestre y ultraterrena. La exigencia de poseer la “tierra” es el cumplimiento de la ley, expresión de la voluntad de Dios mediante de su pueblo y en el que Josué ha de ser un modelo[58]. Esto halla su eco en las enseñanzas y practicas continua de Cristo, que vive pendiente en cada momento de la voluntad de Padre y exige su cumplimiento a los demás como condición indispensable para participar en la heredad celeste (Mt 26,39 Jn 4,54; Hb 10,8-10).
En el Jordán Josué realiza los preparativos para la conquista de Canaan; en el mismo lugar aparece el precursor del Mesías predicando la proximidad del reino mesiánico. Las aguas del Jordán que habían dejado paso libre a los israelitas  para entrar en la  tierra, franquea la entrada del Mesías a su ministerio público. Allí en las orillas del Río Jordán apareció también Jesucristo, y de allí partió para recorrer Palestina predicando el reino de los cielos para el que exige una conversión interior. La conquista de Jericó tiene lugar el día séptimo cuando al sonido de las siete trompetas de los sacerdotes, el pueblo empezó a gritar y las murallas se derrumbaron; con ello comienza la conquista de la Tierra prometida.  
En el libro del Apocalipsis aparecen siete ángeles, el séptimo ángel toca la trompeta y se oyeron en el cielo grandes voces que decían “ya llego el reino de nuestro Dios y de su Cristo sobre el mundo, y reinara por los siglos de los siglos[59]. Las siete trompetas de los sacerdotes reeludieron la caída de Jericó y el principio de la ocupación de Canaan. Las trompetas de los ángeles del Apocalipsis anunciaron la liberación del Señor que lleva consigo la destrucción de Satanás, del pecado. El libro de los Hechos de los Apóstoles tiene un gran parecido con el libro de Josué. Este ultimo comienza constatando la orden de Yahvé a Josué de conquistar el país de Canaan[60]; aquel con la instrucción de Jesucristo a los apóstoles concluye: “recibiréis la virtud del Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaria y hasta los extremos de la tierra[61]. El libro de Josué presenta el cumplimiento de las promesas de Dios a Abrahán y la Alianza en el Sinai, admitiendo también en sus filas a gente que no era israelita  como Rahab y los gabaonitas.  
Los Hechos refieren el cumplimiento y realización de la Nueva Alianza rubricada con la sangre de Cristo que se extiende a todas las gentes los bienes simbolizados por la Tierra prometida. Hay muchos puntos concretos además de los ya señalados que tienen semejanza, como la presencia protectora de Yahvé y la acción del Espíritu Santo en los Hechos; las doce tribus simbolizadas en el momento construido junto al Jordán, con los doce Apóstoles etc.  

III.2. Hacia la unidad del Reino 

La conquista de la Tierra Prometida fue obra de todo Israel bajo la dirección de Josué; es él quien crea la unidad del Pueblo, unidad que es anuncio y presagio de la unidad del Nuevo Reino en el que todos los hombres formarán un solo y único Pueblo de Dios.
La conquista de Canaan fue progresiva y no se consiguió definitivamente, en vida de Josué sino que fue obra en gran parte de las tribus en particular y que duró un par de siglos; pero aquí es presentada como un acontecimiento de los primeros días y que encuentra su unidad con Josué que fue quien lleva a cabo la orden dada por Dios de introducir al pueblo en la tierra prometida. Así la unidad de Israel radica y se apoya en vínculos de sangre o de acción, en la dimensión religiosa.  
Cuando no existía unidad política, la religiosa en torno a Yahvé era verdadero lazo de unión de las tribus israelitas[62]. Al distribuir la tierra entre las tribus, Israel debe conservar la unidad pero dentro de las peculiaridades tradicionales de cada tribu. Estas un día se unirán y formaran unidad  vital de supervivencia frente a los enemigos, aunque esto es un largo camino de riesgos. De momento la unidad debía respetar y armonizar con la variedad y diversidad de las tribus.  
La presentación de las tribus unidas bajo Josué, en una acción comun, que perteneció a distintas tribus y diversas generaciones, tienen todo el valor de una anticipación profética, es una imagen que en su tiempo desencadeno cruelmente los hechos. En su tiempo el redactor quiere evocar con ello, sin duda los días gloriosos bajo David y hacer reflexionar a su pueblo sobre la realidad presente e infundirle esperanza en un porvenir glorioso en que se reunirán Israel y Juda, lo que en perspectivas proféticas evocan tiempos mesiánico.  
III.3. Hacia el universalismo del reino 
En el Sinaí Yahvé hizo Alianza con su pueblo escogido pero desde el principio dejo entrever que pueden formar parte del mismo pueblo de raza distinta a la judía. Esta es una de las perspectivas que aparecen claramente en el libro de Josué.  
Ya en los orígenes, aparecen junto a los israelitas, a  la salida de Egipto gentes de raza diversa que se unieron a ellos; otros se agregaran  por el camino[63]. El capitulo primero del libro de Josué ofrece un horizonte abierto al universalismo con la incorporación de una mujer cananea y pecadora al pueblo de Yahvé, quien a su vez manifiesta su bondad con los pecadores y sus designios salvificos universalitas.  
            Rahab cananea y prostituta hace con su  fe honor a los israelitas, esto significa que la salvación mesiánica estaría vinculada a la fe no a la pertenencia normal al pueblo de Israel, por eso la fe de Rahab es elogiada en el Nuevo Testamento en que Cristo declara a los judíos incrédulos y dice que publícanos y prostitutas les predeceran en el reino de los cielos.  
En el monumento  construido a orillas del río Jordán hay una perspectiva universalista: “a fin de que todos los pueblos de la tierra reconozcan la mano poderosa de Yahvé”[64] único Dios verdadero que tienen poder sobre los elementos de la naturaleza. Los gabaonitas también lograron introducirse en el pueblo aunque fuese por medio de engaño[65] y llegaron a desempeñar algunas funciones en el Templo. Caleb es de origen edomita[66] pero por fidelidad a Yahvé mereció una heredad entre los hijos de Israel. El puede representar todo su clan de raza no israelita en medio de la tribu de Juda.  
Con estos y otros ejemplos puede verse como el libro de Josué tiene perspectivas universalistas y en el queda claro que para ser israelita no es necesario pertenecer a Israel por sangre, basta la fe en Yahvé y la adhesión a sus planes salvificos. 
Estas perspectivas universalistas, coincidían con las de los profetas; los de antes de escribir el libro de Josué o sus contemporáneos hostigaban en sus escritos el animo de un reino futuro de dimensiones universalistas[67]. Aunque en Josué no están expresadas en términos tan claros y expresos como n los profetas, si, de otra forma que supone que el redactor del libro conocía, compartía y confirmaba.
                                                                                               
 S. L Mª José Pascual

[1] Gn 15,18-21
[2] Ex 54,10-28
[3] Nu 23,9
[4] Ex.19,5
[5] Ex 33,11
[6] Ex 32.1
[7] Ex 14, 15-31; 16,17, 1-7
[8] Ex 32, 25-29
[9] Js 1,5-9
[10] Js 1, 7-9
[11] 2,1-24
[12] 2,9
[13] C 5
[14] 3,7
[15] Ex14, 15-31
[16] v.6
[17] 14-1
[18] 4,6
[19] Gn 17, 10-14
[20] Ex 12, 48
[21] c, 6
[22] c 7
[23] c.8
[24] c.10-11
[25] 10,6-12
[26] 10,14
[27] 11, 1-5
[28] 11, 6-7
[29] 1cor 1,27
[30] c19
[31] 14,9
[32] 19-50
[33] 19,51
[34] 20,2
[35] 21,2
[36] 3,33
[37] Un. 8,5
[38] Un 8,5-26
[39] 21,45
[40] 21,45
[41] Gn 12,1-3
[42] 21, 44
[43] 23, 3
[44] 24, 17-18
[45] Ex 20, 1-21
[46] Dr . 27, 1-7
[47] Ex 32, 1, 14
[48] II R. 16, 3
[49] Lv . 20, 2; dr 12, 31;18,10
[50] II R.17,8,12
[51] II Re.23,25
[52] Jre.19,4-5,7,18-19;7,30-31
[53] Jr 4,21-33;6,28-29
[54] Is 5,1-4.7; Os 11,1-9
[55] Drt 7,8
[56] 1,6.11.13.15
[57] Mt 5,4
[58] 1,7
[59] 11,15
[60] 1,1
[61] 1,8
[62] Jo 22
[63] Ex 12,44-48
[64] 4,25
[65] c 9
[66] Gn 36,9-11 
[67] Is. 42,6; Ez.22, 40 etc.

miércoles, 15 de junio de 2011

Oraciones a la Santísima Trinidad.



¡Oh Deidad eterna! ¡Oh eterna Trinidad!
Que por la unión de la naturaleza divina
Diste tanto valor a la sangre de tu hijo unigénito!
Tú eres como un mar profundo
En el que cuánto más busco más encuentro
Y cuanto más encuentro más busco.
Tú sacias al alma de una manera insaciable,
Sacias y siempre queda hambre de ti,
Con el deseo ansioso de verte a ti,
La Luz en tu eterna luz.

Con la luz de la inteligencia gusté
Y vi en tu luz tu abismo, eterna Trinidad,
y revistiéndome yo misma de ti
Vi que sería imagen tuya,  ya que tú Padre eterno,
Me haces participe de tu poder y sabiduría
Que es propia de tu Hijo Unigénito.
Y el Espíritu Santo que procede
Del Padre y del Hijo,
Me ha dado la voluntad que me hace capaz
Para el amor.

Tú, Trinidad eterna, eres mi hacedor
E iluminada por ti, redimida por la sangre de tu Hijo,
Conocí que estás amoroso de la belleza de tu hechura.

¡Oh abismo!, ¡Oh Trinidad eterna!
¡Oh Deidad! ¡Oh mar profundo!:
¿Podrías darme algo más preciado de que a ti mismo?
Tú eres el fuego que siempre arde sin consumir,
Tú eres el que consumes con tu calor
Los amores egoístas del alma.
Tú también eres el fuego que disipa toda frialdad.
Tú iluminas las mentes con tu luz
Por lo que me has hecho conocer de tu verdad.

En el espejo de esa luz, te conozco a ti
Bien sumo, bien sobre todo bien,
Bien dichoso, bien incomprensible belleza,
Sabiduría sobre toda sabiduría.
Tú, el pan de los ángeles,
Por tu ardiente amor
Te has entregado a los hombres,
Tu vestido cubre mi desnudez
Y con tu dulzura me alimentas
¡Oh Trinidad Eterna!
Oración de Santa Catalina de Siena




¡Oh Dios mío, trinidad adorable, ayúdame a olvidarme por entero para establecerme en ti!

¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Siento mi impotencia y te pido que me revistas de ti mismo, que identifiques mi alma con todos lo movimientos de tu alma; que me sustituyas, para que mi vida no sea más que una irradiación de tu propia vida. Ven a mí como adorador, como reparador y como salvador...

¡Oh fuego consumidor, Espíritu de amor! Ven a mí, para que se haga en mi alma una como encarnación del Verbo; que yo sea para él una humanidad sobreañadida en la que él renueve todo su misterio.

Y tú, ¡oh Padre!, inclínate sobre tu criatura; no veas en ella más que a tu amado en el que has puesto todas tus complacencias.

¡Oh mis tres, mi todo, mi dicha, soledad infinita, inmensidad en que me pierdo! Me entrego a vos como una presa; sepultaos en mí para que yo me sepulte en vos, en espera de ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

Beata Isabel de la Trinidad

jueves, 9 de junio de 2011

¡Ven Espíritu Divino!



Ven, Espíritu divino,
Manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
Don en tus dones espléndido;
Luz que penetras las almas;
Fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
Descanso de nuestro esfuerzo,
Tregua en el duro trabajo,
Brisa en las horas de fuego,
Gozo que enjuga las lágrimas
Y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
Divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
Si tú le faltas por dentro;
Mira el poder del pecado,
Cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
Sana el corazón enfermo,
Lava las manchas,
Infunde calor de vida en el hielo,
Doma el espíritu indómito,
Guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
Según la fe de tus siervos;
Por tu bondad y tu gracia,
Dale al esfuerzo su mérito;
Salva al que busca salvarse
Y danos tu gozo eterno. Amén.


Ven oh Santo Espíritu!, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra.

Oración: Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


lunes, 16 de mayo de 2011

La Eucaristía en la Sagrada Escritura

San Pablo y la Eucaristía

        1Corintios 11,23-26 es el texto más antiguo que nos cuenta la institución de la Eucaristía. S. Pablo lo escribió unos 20 años después de la muerte de Jesús. La “cena”, acto insignificante en su vida, Pablo la convierte en misterio de culto con carácter, porque en ella  Jesucristo y conmemora Su muerte.

            La Eucaristía en Pablo no es la que celebraba la comunidad palestinense  -la fracción del pan, en la que está presente Jesús- que se relacionaba con las comidas ordinarias de Jesús, sino que es la relacionada solo con la “Última Cena”, convite de despedida, cuando Jesús dio a su muerte el sentido de muerte sacrificial.

            Pablo conservó en la Eucaristía el carácter de conmemoración del sacrificio de Jesús e introdujo la idea de una presencia real y una comunión con Él por parte de los fieles.

            Ya en 1Cor 11,17-21, Pablo alude a la Eucaristía con fines pastorales a fin de corregir ciertos abusos que había en su celebración y hace destacar sobre todo la comunión del Cuerpo de Cristo como fuente de unidad también con el hermano, ya que quien no comulga con el hermano no comulga con Cristo dignamente. El sacrificio eucarístico reside fundamentalmente en la dicotomía entre vida comunitaria y la comunión eucarística.

            La Eucaristía debe ser la expresión real de la fraternidad. La división de clases sociales es según S. Pablo, un pecado contra el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

            En 1Cor 11,27 las palabras “reo contra el Cuerpo y la Sangre del Señor”, muestran que Pablo entendía en sentido real las palabras de Jesús sobre el pan y el vino, así, los que comen el pan y beben el cáliz del Señor participan de la mesa del altar de Su sacrificio, pues a través de una víctima ofrecida sobre el altar y comida después en el convite sacrificial, hace entrar en comunión con la víctima allí inmolada y consagrada “Cristo” y a través de ella, con los hermanos[1].

            S. Pablo también da a la Eucaristía carácter escatológico[2]. La Eucaristía es una prenda de vuelta de Jesús que prepara a los cristianos. Nos revela la esperanza que animaba a las primeras comunidades cristianas cuando celebraban la  Cena. Su  convite era una promesa y un anticipo del banquete escatológico.

Otros relatos neotestamentarios sobre la Eucaristía: “Evangelios sinópticos y Pablo”

            Además de 1Cor 11,22-26, hay en el N.T. otros relatos de fundamental importancia sobre la institución eucarística: Mc 14,14-24; Mt 26,26-28; Lc 22, 19ss.
            Estos relatos coinciden en lo principal y tienen idéntica estructura, pero forman dos grupos distintos: Marcos y Mateo cuya coincidencia hace pensar en  una coincidencia literaria por lo marcada que es, y 1Corintios y Lucas que coinciden menos.

            En el primer grupo cabe pensar que fue la tradición palestinense que Pedro llevó a Roma, y el segundo, como el étnico cristiano, que Pablo propagó en sus viajes de misión.

            La diferencia principal entre los dos grupos está en las palabras “Haced esto en memoria Mía” que falta en Marcos y Mateo y que son dos veces transmitidas en Pablo y una en Lucas.

            Entre estas dos fuentes no existe dependencia literaria inmediata; sus coincidencias se explican por su origen común. En ambos casos se trata de fórmulas tomadas de la tradición litúrgica y describen la Última Cena de Jesús a la luz de su celebración por la Iglesia primitiva. Esto se deduce del análisis de sus textos reducidos sólo a lo esencial; además de que Pablo habla expresamente de la tradición.

            En la tradición litúrgica, la Cena del Señor se redujo a lo esencial, se reservaron las palabras y ritos principales y se prescindió de los demás; así ha llegado hasta nosotros los mismos ritos y palabras con que la Eucaristía se celebraba en las comunidades cristianas primitivas: la de Jerusalén -Marcos y Mateo-, y la de Antioquia -Pablo y Lucas-
.
            La ausencia del mandato: “Haced esto en memoria Mía” en Marcos y Mateo, se explica porque el mandato entraba enteramente en el sentido de la “fiesta pascual” que se conmemora con la celebración eucarística, ya que Jesucristo instituyó la Eucaristía dentro del marco de la fiesta de la Pascua que conmemora la Alianza Sinaítica y la liberación  de Egipto[3].

            En Pablo y Lucas, Jesús ordena: “Haced esto en memoria Mía”. No se trata de un simple recuerdo, sino de la renovación de una acción sagrada, mediante la cual el sacrificio de Jesús siempre vivo se hace actual bajo las especies del pan y del vino. Por eso, la Eucaristía es actualización de un suceso pasado -muerte y resurrección de Jesucristo-  y por su proyección al futuro es anticipación del banquete mesiánico; así lo expresa Pablo: … hasta que vuelva, y los sinópticos con la alusión al vino que de nuevo gustará en el Reino de Su Padre.

Eucaristía en San Juan y Hechos de los Apóstoles

            S. Juan habla en el capítulo 13 de la Última Cena aunque no menciona en él la institución de la Eucaristía; sí se refiera a ésta en diversas ocasiones. En Jn 6, 51 hay una fórmula de consagración: “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. En otros versículos del mismo capítulo destaca claramente el simbolismo eucarístico[4], El relato de la multiplicación de los panes: Jesús se sentó con Sus discípulos[5] como en la Última Cena; estaba cerca la Pascua [6], la fiesta de la institución de la Eucaristía; tomó los panes, dio gracias, los distribuyó entre los que estaban recostados[7], esto recuerda tres momentos de la institución eucarística y justifica que podamos pensar que el capítulo seis de S. Juan sea todo él eucarístico, especialmente los versículos 51-58. En estos versículos habla Jesús sobre la naturaleza de la Eucaristía y sus efectos como Sacramento.

            La esencia de la Eucaristía la indica Juan por el comer Mi carne y beber Mi sangre, estas fórmulas excluyen toda interpretación simbólica con las fórmulas: el pan de vida, el que come de esta pan vivirá eternamente, esto indica como efecto de la Eucaristía, la comunicación de la vida. Por el rito eucarístico el cristiano se hace partícipe de la vida de Cristo y entra en comunión tan íntima con Él, que puede compararse a la comunión de vida existente entre Cristo  y el Padre[8].

            En Juan la Eucaristía también es prenda de resurrección bienaventurada[9] y se ofrece a todos los hombres, la única condición es la fe en Cristo.

            En los Hechos de los Apóstoles, la Eucaristía se llama partir el pan[10]  o comida en común, celebrada en las casa en atmósfera de fraternal alegría[11]

La Eucaristía es fuente de unión de los cristianos con Cristo y entre sí

             Además de S. Pablo, casi todos los relatos sobre la Eucaristía o que aluden a ella más directa o indirectamente en la Biblia, resaltan de alguna forma el sentido de comunión y unidad de los cristianos con Cristo y entre sí. Esta unidad se vive en la Iglesia porque la Eucaristía es vínculo de unidad eclesial, es sacramento –signo y causa-  de su comunión pues la gracia propia de este sacramento, es la unidad del Cuerpo Místico. En ella, Cristo es la Vid que vivifica a todos los sarmientos y los mantiene unidos.

            Eucaristía e Iglesia se identifican totalmente: las dos perseveraban asiduamente en oír la doctrina de los apóstoles y en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones[12]. Cristo está presente a su Iglesia en el sacramento de la Eucaristía.

            Cristo  dio Su vida en la cruz  para reunirnos a todos[13] y ahora sigue ofreciéndose en la Eucaristía diariamente para formar la unidad de la Iglesia. Los cristianos participan realmente de Su cuerpo en la fracción del pan eucarístico que los elevan a una comunión con Él y entre los hermanos porque el pan es uno, por eso somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos del único pan[14].

            La Eucaristía también es comunicación. Cristo nos comunica Su vida y la vida Trinitaria porque quine recibe a Cristo recibe al Padre[15] Así, por el Hijo, en Él y con él, participamos y recibimos la vida del Padre en el Espíritu Santo que es su “amor”.

La Eucaristía es anuncio permanente de la obra redentora de Jesucristo

            En la solemne celebración ritual del cordero pascual, Jesús hace el jueves con el pan y el vino la ofrenda sacrificial que el viernes hará en la cruz con Su cuerpo y con Su sangre; por eso, la Eucaristía que Jesús instituye en la cena pascual es aun tiempo banquete y sacrificio.

            La Eucaristía actualiza litúrgicamente -en modo misterioso pero real- el sacrificio único de Jesucristo en la cruz. Jesús quiere hacer permanente Su entrega al Padre por los hombres y expresarla mediante esa misteriosa presencia Suya bajo las especies del pan y del vino que actualiza esta entrega como alimento de comunión para los hombres, por la eficacia de Sus palabras el pan y el vino quedan convertidos en el cuerpo y la sangre de Cristo que se ofrecen en sacrificio; así el pan que se entrega y la sangre que se derrama, significa que todo Él se entrega e inmola.

            Para Pablo, la participación en esta cena –el comer y el beber – es anuncio de la muerte del Señor , hecho pasado que se hace presente hasta que vuelva es decir,  se hace presente en el Señor actualmente glorificado por la gracia, la cual es ya una prenda del encuentro definitivo y pleno.

La participación en la Eucaristía exige una vida cristiana y comprometida a nivel individual y comunitario

            En la Eucaristía es Cristo entero quien está con Su cuerpo y sangre, Su alma y divinidad, toda Su personalidad.

            Esta presencia de Cristo nos pide y exige una respuesta personal de una forma mucho más intensa que si estuviera allí sólo con Su cuerpo material. Mediante la Eucaristía Su ser personal nos invita a permanecer con Él; siendo así, la comunión eucarística nos interpela a vivir una adhesión completa a la Persona de Jesús, en fe y amor. Para esto es necesario un cierto grado de gracia santificante; si uno no es amigo de Dios no puede sentarse a Su mesa[16]. Esa participación en la mesa del Señor también nos compromete a que vivamos en caridad y unidad con los hermanos porque ella es causa de esa caridad. Jesús nos dejó el precepto del amor expresándolo en la Eucaristía, queriendo quedarse en ella como principio generador de lamisca caridad fraterna, de modo que uniéndonos a él, nos hagamos todos un solo cuerpo bajo la moción del Espíritu Santo[17].
                                                                                   Mª José Pascual (O.Cist)
Casarrubios del Monte



[1] 1Cor 28-29
[2] 1Cor 11, 26
[3] (1Cor 11, 25
[4] Jn 1-15
[5] Jn 6,3
[6] Jn 6, 4
[7] Jn  6,11
[8] Jn 6,56 ss
[9] Jn 6,54
[10] Jn 2, 42.46; 20,7.11
[11]Jn 2,46-47
[12] Hch 2 42
13 Jn 11,52
14 1 Cor 10, 17
15 (Jn 10, 30).
[16] Mt 22,11
[17] 1 Cor10,16ss